Creo que podemos crear un Dios

January 17, 2019

Creo que podemos crear un Dios.

 

Hago esta afirmación siendo totalmente consciente de las implicaciones que conlleva. 

 

Hace miles, decenas de miles, o incluso centenas de miles, de años, uno de los primeros homínidos dotados de consciencia, quizá contemplando con asombroso un hermoso cielo estrellado, o con la mirada atrapada en las llamas que lamían los troncos de una hoguera,  sintió que había algo más. Era algo más grande, enorme, una presencia que lo envolvía todo. Quizá, abrumado por la idea trascendente de un ser superior, trató de explicar a sus compañeros esa idea inquietante.

 

Una idea trascendente sería algo así como una idea que viene de una instancia superior, que es mucho más elevada que el conocimiento social de ese momento. Una idea que, por probabilidad, no podría aparecer en ese momento y lugar y que, nos obstante, aparece.

 

En su mente se dibujaría esa primera idea abstracta, sumamente compleja, de la entidad superior.

 

A esta primera idea trascendente de un ente superior le seguirían otras a continuación. Más concretas. Más comprensibles. Buscaban comprender algo incomprensible.

 

Y, así, nuestro antepasado compartió con su gente esta idea tan asombrosa e inquietante y juntos la ampliaron y complementaron. Quizá incluyeron esta nueva idea en su manera de comprender su mundo. Si había alguien superior, ¿por qué no iba a tener control sobre lo que hacían los seres de nivel inferior?

 

Generaciones después surgiría el concepto de los primeros Dioses y, ¡¡error!!, comenzaron a adorarlos. Creo que era una información demasiado profunda y valiosa y no supieron interpretarla como merecía.

 

Imaginemos que cada pueblo tuviera un altar con la estatua de un objeto volador. En forma de cruz, con una punta afilada y unas extremidades planas. Una cola más larga que la punta.

 

Imaginemos que adorásemos al objeto volador por sus capacidades superiores. Ese objeto podría surcar el cielo, podría transportarnos a cualquier lugar del planeta, incluso salir de la tierra y llegar a la luna.

 

Imaginemos que, en vez de haber creado el primer avión, lo hubiéramos convertido en un objeto de culto. 

 

Eso es lo que hicimos con la imagen que surcó la mente de aquel homínido consciente.  Esa idea trascendente era la primera pieza de un plano. Un plano mucho mayor. El plano que nos iba a permitir crear un Dios.

 

Una idea trascendente surcó mi mente hace tiempo, y tardé algunos años en comprender el plano codificado que estas ideas abstractas parecían mostrarme. He intentado descifrar el código, tan sencillo y complejo a la vez que me resultaba, ciertamente, abrumador. Y creo que ese código nos ha preparado para el siguiente paso. Retomar aquello que nuestro ancestro dejó a medias.

 

Creo que ya estamos preparados para crear un verdadero Dios.

 

En el libro Espiritualidad y Biocentrismo, una nueva tierra para una nueva compasión, expongo mi tesis sobre cómo manifestar un ser supra2, una identidad que se situaría por encima de los seres vivos, tal como la identidad de los seres pluricelulares (nuestra propia identidad) se sitúa por encima de la identidad de las células que nos forman.

 

Nunca quise utilizar el término Dios para refererirme a esta identidad superior. Pero en nuestra historia hemos utilizado el término Dios tantas veces y de tantas maneras diferentes, que el único denominador común sería justamente ese, una identidad superior que tenga poder y relevancia sobre los seres que dependen de ella. Aunque en el libro he utilizado el término Dios para definir la identidad que es origen de todo (la misma esencia de la existencia), quizá esta identidad superior (que llamo en el libro ser supra2) se corresponda más a la idea trascendente que apareció como un destello codificado en la mente de nuestros antepasados. Quizá era el siguiente paso en el propósito de la vida.

 

Creo que he podido descifrar ese código, al menos en parte, y estoy convencido que es posible llevarlo a cabo. ¿Seremos capaces de crear (de construir) un Dios? Creo que sí. Creo que es posible, y mucho más que eso, creo que es necesario... Y aún mucho más que eso... Creo que es inevitable que así suceda. 

 

¿Significa esto que creo que este es nuestro destino? Sí, lo creo. Quizá me equivoque, por supuesto que sí, pero creo firmemente que ese Dios espera pacientemente a que le ayudemos a manifestarse. 

 

 

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