¿Y si llamamos Origen a ese Alguien al que conocemos como Dios?

April 18, 2018

 

¿Por qué llamamos Dios a esa esencia primordial?


Podríamos llamarlo Origen. La figura de la conciencia creadora se repite en multitud de culturas con un denominador común. 

 

Esa conciencia creadora, esa esencia primordial, la sustancia que permite todo lo demás, es el inicio. Desde él (o ella) apareció todo lo demás.


Origen es el nombre más preciso para la deidad, porque permite vislumbrar la magnificencia de lo que queremos referir. El origen. Yo provengo de ese origen. Y todo lo que veo. Y todo lo que ha sido visto, o percibido. Todo proviene del origen.


Las cualidades del origen son las que nos empujan a nombrarlo, es decir, a asignarle un nombre que nos permita conocerlo. Aún con las limitaciones que esto conlleva, un nombre nos permite conocer al origen y, más importante aún, darnos cuenta que Origen es alguien, una personalidad creadora. 


Afirmaríamos que Origen es un “Yo soy”, y que este “Yo soy” habría deseado crear todo lo demás. No podía ser de otra manera. Nunca algo ha creado un alguien. 

 

Y, sin embargo, cualquiera de nosotros (alguien) hemos creado multitud de algos (me permito añadirle una ese de plural para el caso). Somos creadores de infinidad de algos a nuestra voluntad, pero no podemos crear otro alguien como creamos un algo.
 

La capacidad de crear otro alguien es privilegio de Origen, y nos ha permitido “disfrutar” de ese don. Lo llamamos reproducción, y la ciencia lo llama replicación. No podemos crear otro alguien a nuestra voluntad, pero sí que podemos participar de esta creación activamente. No será cualquiera de nosotros quien unifique cromosomas, proteínas, cree enzimas y células, los agrupe en órganos, asigne funciones vitales, etc… (sin duda crear un alguien escapa a nuestras capacidades).
 

La voluntad de crear alguien se manifiesta siempre desde una identidad creadora, que sólo puede ser alguien. Alguien crea algos y otros alguien.


Hubo un primer alguien, por necesidad, por lógica. Y de este primer alguien provenimos todos los demás. De ese primer alguien proviene, además, todo lo que no es alguien.


Podemos llamar Origen a ese primer alguien, si llamarle Dios nos resulta poco conveniente. Quizá se haya abusado de ese nombre, quizá resulte inexacto para nuestra mente. Pasemos a llamarle Origen, si no encontramos otro nombre más apropiado.

Alberto Terrer,
En Enguera, a 18 de abril de 2018. 

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