El porqué de la evolución

January 28, 2018

 

Es muy frecuente que nadie se pregunte por qué la humanidad progresa. Incluso esta misma afirmación para muchas personas es conflictiva. ¿La humanidad progresa? Precisamente, un rápido vistazo por nuestro panorama de convivencia actual, a lo largo y ancho del mundo, podría llevar a seleccionar determinados acontecimientos que llevasen a negarlo: guerras, hambre, conflicto, egoísmo, tiranía, corrupción, dominación, explotación, serían solamente algunas de las cuestiones que aún asolan nuestro mundo y que podrían servir para negar la mayor.

 

Es precisamente esa negación la que todavía justifica en muchos casos la negación de la existencia de Dios, pues en caso de hacerlo, no permitiría tal sufrimiento e injusticia. La comprensión de esta conclusión se enmarca mejor en la cuestión de la justicia. ¿Por qué, aparentemente, se producen en la vida injusticias de base tan palpables, tan tangibles y claras entre unas personas y otras, entre unos seres vivos y otros? ¿Por qué podemos encontrar personas que, desde que nacen, parecen gozar de todo tipo de parabienes materiales, emocionales y de avance social, y, sin embargo, otras encuentran un sufrimiento máximo desde que llegan al mundo? ¿Cuál es la misteriosa razón por la que conviven, desde el principio de sus vidas, sin posibilidad de opción al cambio, el príncipe y el mendigo?

 

Tales apreciaciones son precisamente la base sobre la que muchas personas aceptan la explicación simplista (“estamos abandonados de alguien superior, Dios es injusto, o sencillamente no se ocupa de nosotros, el hombre es malo por naturaleza”), explicación que no exige mayor reflexión y cierra la respuesta definitiva sobre por qué nuestro mundo funciona así. Es la explicación procedente del desencanto y del “realismo” materialista.

 

Sin embargo, existen algunos elementos dentro de ese paradigma de observación materialista que no se pueden pasar por alto antes de resolver la cuestión de forma tan precipitada. Uno de ellos es la cuestión de la evolución ética y moral. ¿Por qué, aunque de forma lenta y tortuosa, con progresos y regresos individuales y colectivos, la humanidad claramente evoluciona desde ese punto de vista de la convivencia? ¿A qué se debe que cada vez, como especie, tendamos a acercarnos más a la esencia de la regla de oro del comportamiento humano: “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”?¿Cuál sería la razón última esencial de haber abandonado poco a poco el camino de la esclavitud, la dominación física y la tiranía política, el rechazo y la intolerancia y de haber emprendido precisamente el camino opuesto?

 

Esta simple observación de la evolución, como conjunto, de la especie humana debiera establecer una cuarentena importante a la afirmación de que el mundo no progresa. Pero esta observación genera, en algunas personas que deciden tenerla en cuenta, una pulsión que les lleva a intentar ir más allá del hecho e intentar comprender su causa. Y el camino de la comprensión tiene muchos vericuetos y límites autoimpuestos. Por ejemplo, uno lee,  tratados de filosofía política, como “El contrato social” de Rousseau, por citar uno de los más famosos, y encuentra la descripción de cómo el hombre que desea convivir más armónica, pacífica y libremente, decide ceder parte de su soberanía personal a favor del Estado, que regulará dicha convivencia y evitará la resolución del conflicto individual por medio de la violencia, aplicando la fuerza coercitiva que todos han convenido en cederle. Pero aunque las razones de por qué el ser humano progresa colectivamente son apuntadas por la Biología, la Filosofía, y la Psicología, continúan siendo descripciones de hechos más que explicaciones de sus causas últimas. Es decir, todas ellas describen que la especie humana “se siente mejor” al progresar en la convivencia, pero no explican por qué esto ocurre así. Esto nos lleva a la cuestión de la naturaleza humana, y de su permanente debate entre el bien y el mal. De igual forma, las religiones evolutivas ofrecieron finalmente, como explicación a este fenómeno evolutivo, el que los dioses favorecerían a los que cumpliesen con sus postulados. Y las religiones evolutivas más avanzadas precisamente acabaron enlazando “los postulados” de los dioses como la razón por la que el ser humano evolucionaba: “si eres bueno te salvarás”.

 

Pero lo cierto es que, por muy diferentes caminos, algunos más largos y erráticos que otros, la humanidad, en conjunto, evoluciona y, finalmente, no habría más que una posibilidad para explicar la causa última de la evolución. Y esta explicación tendría que envolver una cuestión absolutamente generalizada para todo ser humano, con independencia de su circunstancia personal, histórica y sociocultural y de todas las influencias ideológicas externas que hubiera podido recibir.

 

La espiritualidad precisamente trata de ofrecer esa única explicación diferenciada, profunda y última a esa evolución, que normalizaría y uniformaría las razones de esa tendencia generalizada y colectiva de la evolución. Dicha justificación explicaría por qué, aunque de forma errática, con muchos regresos, finalmente nuestra especie se decanta, muy lentamente, por el bien en vez de por el mal. Y no sería una explicación consistente si tuviese excepciones para cualquiera de las diferentes situaciones en las que podría encontrarse cualquier ser humano a lo largo de la Historia o a lo ancho del planeta. Esa misma razón de su generalidad es la que explica que sea erróneo justificar dicha esencia tendente a la bondad en circunstancias intelectuales externas, pues su variabilidad formal impediría esa respuesta uniforme.

 

La espiritualidad establece que hay una tendencia inmanente en el ser humano hacia el bien, que finalmente se pone de manifiesto clara e invariablemente, considerando un largo periodo evolutivo, y que responde a la propia naturaleza.

 

Y dicha tendencia hacia el bien connatural a la especie, demostrada en la práctica en las tendencias manifestadas en la Historia humana hacia una mejor convivencia y respeto por los demás y por los otros seres vivos también daría luz sobre los dos principales mensajes que la espiritualidad traslada al humano: por un lado, la común procedencia de “algo” previo, que de alguna forma es nuestro antecedente, y de cuya naturaleza participamos, marcando indefectiblemente nuestro devenir; y por otro lado, que nuestro autodescubrimiento pasa precisamente con alinearnos con esa tendencia de forma consciente, y emprender el camino que nos marca, hasta conseguir llevarla hasta sus últimas consecuencias.

 

De todas estas cuestiones, entre muchas otras, tratamos extensa y profundamente Alberto y yo, bajo el término ‘espiricentrismo’, en nuestro libro “Espiritualidad y biocentrismo: una nueva tierra para una nueva compasión”, el cual os invito a leer para avanzar en la comprensión de estas interesantes cuestiones. Podéis informaros sobre muchos de los aspectos tratados en el libro y su forma de adquirirlo en www.espiricentrismo.org.

 

 

 

Iván Rodríguez

Facebook: “Iván Prospector Ucdm-Eldu”

 

En Madrid, a 28 de enero de 2018.

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

Origen del libro 'Espiritualidad y biocentrismo: una nueva Tierra para una nueva Compasión

January 5, 2018

1/1
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Archivo
Please reload

Síguenos
  • Facebook icono social
  • Facebook icono social