Tránsito del biocentrismo a la espiritualidad

January 20, 2018

El biocentrismo es aquel ideal que divulga la igualación del valor de los intereses de todo ser vivo, por el mero hecho de serlo, es decir, con independencia de su inteligencia, variedad emocional, consciencia, conciencia, autorreferencia o forma física. En tal sentido, difiere del antropocentrismo en que preconiza abandonar la centralidad del ser humano en el universo y sustituirla por la consideración de la vida como eje central de referencia de la evolución.

 

Los movimientos animalistas y ecologistas, comportamientos que derivan de una aplicación práctica del biocentrismo, son el resultado de una actualización de ideales potenciales.

 

La historia de la especia humana, desde el punto de vista de la evolución, es la historia de dichas actualizaciones. Es decir, es la historia de una sucesiva toma de consciencia, cada vez mayor, de unas creencias, actitudes y comportamientos que nos van aproximando a unos ideales cada vez más éticos y morales.

 

En este sentido, podríamos resumir muy sucintamente la ética individual y la moral colectiva como resultantes de una aplicación generalizada de la regla de oro que establece “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”, o en una formulación positiva, “trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti”.

 

De esta forma, a lo largo de la historia, y sobre todo en los últimos siglos, incluso en las últimas décadas de forma exponencial, podemos observar cómo han ido surgiendo ideales que han ido poco a poco transformando las creencias y comportamientos excluyentes en la forma de relacionarnos los seres humanos. Así, la igualdad de valor entre los intereses de cualquier ser humano devino en la superación teórica de la esclavitud, de la dominación, de la tiranía, de la intolerancia religiosa, ideológica, de clase, del sexismo, la homofobia y de tantas otras actitudes excluyentes que la humanidad va superando lentamente.

 

Desde la filosofía se afirma que el ser humano es un ser con conciencia moral, es decir, que, de forma general, tiende a distinguir el bien del mal, sean cuales sean las formulaciones de lo que es el bien y lo que es el mal se realicen en cada momento y lugar de la Historia. Esta característica observada por la filosofía, la antropología y la psicología es lo que explica que poco a poco la especie homo sapiens sapiens se vaya dando cuenta de que el bienestar general se consigue de mejor forma cuando la sociedad en general va adoptando, paulatinamente, formas de relacionarse guiadas por el bien.

 

 

 

No obstante, son precisamente las diferentes formulaciones de lo que es el bien y el mal lo que introduce un sesgo de relativismo que impide la consistencia necesaria. Así, vemos muy claramente como aún hoy en día, en el mundo occidental, no hay acuerdo entre los pensadores y los políticos sobre qué ideales son mejores que otros de cara a conseguir un mejor bienestar para todos los individuos, para el colectivo humano.

 

Incluso las religiones evolucionarias que la humanidad ha desarrollado difieren en este punto, pues debido a esa disparidad de criterios entre lo que se considera fundamental, acaban ofreciendo diferentes soluciones, a veces incluso contradictorias, a lo que debería ser uno conjunto de reglas éticas y morales y a su aplicación individual y colectiva.

 

La explicación al relativismo y a la disparidad proviene de que aún ni la filosofía ni la religión, como conjunto, han logrado identificar con total precisión cuál es el origen de que la especie humana tienda hacia el bien. Y no lo han identificado porque toman como punto de referencia, para valorar un ideal, la información que han recibido del exterior, es decir, de las ideas han ido recibiendo a lo largo de su vida, de sus padres, profesores, pensadores, o que ellos mismos han confeccionado a partir de esas ideas recibidas. Y, lógicamente, como cualquier persona puede observar, nuestro sistema de fabricación de nuevas ideas es tremendamente dispar.

 

Esa disparidad en nuestro sistema de fabricación de ideas proviene directamente del funcionamiento de nuestra mente. El ser humano recibe desde que nace muy diferente información en función de su entorno geográfico y sociocultural. Podría decirse que no hay dos personas en el mundo que hayan recibido exactamente la misma información. Pero podemos ir más lejos. Incluso aunque hubiesen recibido una información muy similar, sería muy difícil que la hubiesen interpretado de la misma forma, interpretación en la que también influyen los diferentes rasgos de personalidad entre unos y otros. Todo esto conlleva que cada una de las personas tenga una diferente percepción de la realidad exterior y, por tanto, que reaccione de muy diversa forma ante las ideas que recibe, adhiriéndose más a unas que a otras, aceptando completamente algunas y rechazando absolutamente las demás.

 

La espiritualidad profunda nos ofrece otra perspectiva de la consideración del bien y del mal diferente de la religión y de la filosofía, pues parte de trasladar la aceptación de los ideales desde la intelectualidad hacia la emoción. De esta forma, propone que traslades la aceptación de un nuevo ideal desde el análisis intelectual de esa idea hacia la experiencia emocional que dicha idea te produce. Esto es lo que significa “mirar hacia el interior”. Sencillamente consiste en que abandones, al juzgar sobre una determinada idea, la referencia externa (“lo que los demás me dicen que debe ser”), por la referencia interna (“lo que yo siento respecto de dicha idea”). Y de una forma más precisa, que experimentes si la puesta en práctica en tu vida diaria de una nueva idea te produce una mayor sensación de paz, tranquilidad y confianza a ti, respecto de la idea en sí, y no respecto de lo que los demás pensarán si la asumes o no.

 

En realidad, la evolución de la humanidad en los mejores ideales de la que he estado hablando al principio se ha ido produciendo de esta forma, aunque no siempre hemos tomado plena consciencia del proceso. Es decir, la aceptación de la regla de oro del comportamiento humano “trata a los demás como quieres que te traten a ti”, realmente se ha ido aceptando, inconscientemente, por la mejor alineación interna que la aplicación de dichos ideales iba produciendo en las personas que los ponían en práctica: al actuar así la gente se sentía mejor, profunda y estructuralmente, es decir, a la larga. Y eso pese a que aparentemente, lo que parecía que ocurría era que conscientemente se aceptaba intelectualmente una determinada idea.

 

Por eso, los movimientos animalistas y ecologistas surgen de una determinada emoción que detectan algunas personas cuando reciben una determinada información: una lectura, un vídeo en redes sociales, la noticia de un maltrato animal o de un grave atentado medioambiental. Y esta alineación emocional como proceso de cambio pasa al inconsciente. Y posteriormente se produce una adhesión a una determinada idea que confirma dicho sentimiento, de forma intelectual.

 

La espiritualidad, de forma práctica, te propone que hagas consciente tu propia referencia interna. Que comiences un proceso de cuestionamiento de todo lo que configura tu sistema de pensamiento y que adquieras una cierta independencia de los sistemas de creencias que has asumido automáticamente de tu entorno sociocultural, de tu referencia externa, ya provengan de la ideología, de la religión, del ambiente político o de cualquier otra fuente externa. Que observes cómo encaja en ti, desde el punto de vista de tu bienestar emocional, cualquier planteamiento vital al que te enfrentes. Y que, según te vayas convenciendo tu mismo de las bondades del proceso, vayas adoptando como sistema de aceptación de ideales, tu propio encaje emocional respecto de ellos.

 

De esta forma, es decir, tomando consciencia de este proceso de contraste interno de todas las situaciones en las que te veas involucrado en tu vida, es como irás comprendiendo lo que implica el espiricentrismo, es decir, la asunción de la espiritualidad como eje central de referencia de todas las facetas de tu experiencia de vida.

 

 

La explicación y justificación detallada de por qué el vuelco al interior es lo que iguala la aceptación de los ideales de verdad, bondad y belleza, como causa de la evolución de la humanidad; la clarificación de las bondades del cambio de la referencia externa a la referencia interna en tu experiencia de vida, y de la profunda transformación vital que dicho cambio puede producir en ella, son solamente algunas pocas cuestiones de las que hablamos Alberto y yo profusamente en nuestro libro “Espiritualidad y biocentrismo: una nueva tierra para una nueva compasión”. Te animo a que eches un vistazo a nuestra propuesta y lo compruebes por ti mismo.

 

Web para consulta de contenidos y compra del libro:

www.espiricentrismo.org

 

 

Iván Rodríguez

Facebook: “Iván Prospector Ucdm-Eldu”

 

En Madrid, a 20 de enero de 2018.

 

 

 

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