La pregunta sobre el sufrimiento en las plantas

January 18, 2018

¿Sienten y sufren las plantas?

Esta es una pregunta que genera interminables debates, sobre todo porque se plantean siempre como argumento para desestabilizar una postura en dicho debate. Por ejemplo, a un activista por los derechos animales se le recrimina que las plantas también sienten para justificar que igual de cruel es comer animales, como comer plantas.

Solemos identificar el sufrimiento con la capacidad de expresarlo, pero esto supone un error de percepción. Las plantas son seres vivos, por tanto son organismo perceptores. Perciben el universo y reaccionan ante los sucesos, guiados por la mente instintiva que posee todo ser vivo.

Pero la única mente, a la que llamamos la mente del Hijo soñador, es la que experimenta el sufrimiento. La mente instintiva refleja ese sufrimiento, y en los seres vivos con sistema nervioso central, ese sufrimiento se puede expresar.

Así que afirmar que las plantas no sienten ni sufren se debe a la incapacidad de éstas de no expresar el sufrimiento, y a nuestro desconocimiento sobre el funcionamiento de la mente del Hijo soñador. Las plantas perciben y el Hijo experimenta.

En el eterno debate de "las plantas sienten o no sienten", las respuestas tendrían que darnos la solución al debate de fondo. Sí, las plantas perciben (como todo ser vivo), lo cual provoca que "sufran" (teniendo en cuenta que todo ser vivo sufre porque genera la tensión por el daño de su estructura en la mente del Hijo). Pero reconocer que las plantas sienten y sufren tiene unas importantes implicaciones.

Para crear un mundo más justo hemos de avanzar para lograr un mundo sin sufrimiento, incluyendo a las plantas como individuos a los que hay que proteger. No comer animales es mucho más justo y moral que comerlos, independientemente de si las plantas sufren o no.

Así que hemos de proteger y cuidar a los animales porque sabemos que todos somos uno, y hemos de avanzar para poder proteger y cuidar también a las plantas por el mismo motivo. No es una cuestión personal, porque la inteligencia inconsciente nos reveló hace mucho un dato de importancia suprema. Esta inteligencia es la inteligencia de la Deidad, y cuida y protege a cualquier ser vivo, sea una bacteria, un roble, una gallina o un humano. Cuida y protege a cada uno de los seres vivos sin distinción porque formamos parte de una unidad.

Lo convertimos en una cuestión personal porque hemos heredado de la Deidad creadora la voluntad, el libre albedrío. Y por tanto podemos utilizar un regalo tan hermoso como este para decidir actuar con o sin bondad. Para ser compasivos o crueles. Podemos decidir cómo actuar porque hemos nacido con la propiedad inevitable llamada voluntad. Pero esto no convierte un comportamiento injusto, que provoca sufrimiento, en una cuestión personal, por mucho que podamos decidir sobre dicho comportamiento.

La inteligencia inconsciente no puede violar el libre albedrío del que gozamos, pero sí que intenta guiarnos con las emociones profundas, su lenguaje natural. Y las emociones profundas nos empujan a amar y no hacer daño. A ser compasivos y no ser crueles.

Las plantan "sufren" y los animales también. Lo más justo y bondadoso es protegerlos y cuidarlos a ambos. Pero es mucho más justo y bondadoso cuidar y proteger a uno de los dos grupos que a ninguno.

Alberto Terrer,

En Enguera a 18 de Enero del año 2018 

 




 

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